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he tenido 25 años de casado, hubo un intermedio de separación conyugal de por lo menos siete años hasta nuestra reconciliación; tenemos tres hijos, dos varones y una mujere, al principio llevábamos una vida sexual plena y feliz, mi desatención hacia ella probablemente la empujó a fijarse en otros hombres; yo era muy celoso, me martirizaba la idea de que otro hombre pudiera relacionarse sexualmente con ella de modo totalmente secreta, no obstante este martirio, prefería siempre confiar en ella.

No se como, en una ocasión en que nos encontramos los dos muy embriagados, hicimos el amor como desaforados; fue así que le hice vivir la fantasía de que un amigo, que era más de ella que mío, (percibía que ellos se atraían mutuamente), era quien le estaba haciendo el amor en esos momentos en vez de mi; trataba que ella repitiese el nombre de su amigo mientras yo le hacía muy excitado el amor, le instaba a que dijese quien era el que la estaba poseyendo en aquel momento ; le exigía con excitada morbosidad que dijese el nombre de aquel hombre que tanto le atraía internamente inevitables deseos eróticos por él, y que externamente se manifestaba en sutiles y bien guardados secretos de admiración y pasión imposibles y prohibidas para ella que sentía su incontenible presencia sólo en la mente, pensamientos que le hacían vivir etéreamente sus eróticas y amorosas fantasías de amor y deseos de unas prohibidas aventura con él.

¡quien te está haciendo deliciosamente el amor! ¡Dime!, le preguntaba excitado una y otra vez, ¡dime quien te está tomando ahorita! y ella, rebosando excitación, comenzó a pronunciar con morbosa excitación ¡Jaime, Jaime!; un orgasmo simultaneo y torrentoso se produjo en ambos, apareciendo incontenible en forma de una avalancha sexual, que nos hizo disfrutar del más intenso orgasmo que nunca antes habíamos experimentado ninguno de los dos.

Terminada la experiencia, no volvíamos a tocar más el tema, era como un tabú, era como si nunca hubiese ocurrido antes, bi tampoco en nuestra reciente entrega sexual, sin embargo, dábamos rienda suelta para volver a vivir de nuevo, en nuestra próxima sesión de amor sexual, esta misma excitada fantasía, que era por lo menos igual, o generalmente siempre, de una manera más atrevida que la anterior; cada vez que se daba la oportunidad de hacer el amor con mi esposa ;imaginaba casi siempre, que en vez de mi, su esposo, era otro el que le hacía el amor, de modo rico y morboso, que nos hacían alcanzar en esos momentos, nuevas y frenéticas sensaciones de placeres envueltas en la máxima excitación capaz de producir en los dos ese libido interno que despertaba furioso de placer.

Después de nuestra primera separación; ella que era una mujer ardiente y bonita, tengo evidencias de la buena cantidad de experiencias sexuales que tuvo durante ese tiempo, incluso sobre los cuernos que ella le ponía a la pareja, que en vez de mi adoptó alegremente, casi de manera oficial frente a los amigos y conocidos de su nuevo novio, pero oculto secretamente para mis familiares para y para mi, al esmerarse en mantenernos con total hermetismo sus relaciones amorosas y las ocasionales aventuras que se dedicó a vivir bajo la nueva y expectante condición de mujer separada, sin marido y sin las obligaciones conyugales que la tuvieron siempre atada a una moral que ella nunca quiso tener, y que luego de la separación matrimonial, comenzó a vivir con emoción y excitación nuevas experiencias de amor y sexo con otros hombres, tiempo que gozó a su manera, liberó sin tapujos ni restricciones toda la ardiente y reprimida sexualidad que tenía escondida en su condición de madre y esposa del hogar que acababa de dividirse luego de 10 años de desatenciones, falta romance, ausencia de amor y sexo del verdadero, de una inexistente amistad y diálogos de pareja, por fin había acabado para ella la agobiante y letal rutina que primó siempre destructoramente en su matrimonio y que desde que ella decidió enrumbar sola por otro camino, sentía el aire de la libertad y la independencia que tanta falta le hacia para realizarse como la mujer apasionada que siempre fue y que nunca pudo vivir en matrimonio.

Yo ya no sólo me sentía vulgarmente un cornudo, sino que además sentía que me estaba convirtiendo en un excitado morbocornudo; sólo imaginar a mi esposa comiéndose con excitación la sexualidad de otro hombre, es más empezaba a gozar sutilmente pensando que ella gozaría del sexo de todos los hombres que a ella se le antojase gozar como y cuando quisiese , es que al estar amparada en su nueva condición de mujer libre; sólo pensarlo, hacía que reverberantes celos me empezasen a consumir el alma y el corazón hasta sentir que la impotencia y la desesperación laceraban sin misericordia mis entristecidos sentimientos, mientras vivía esta pesadilla, al mismo tiempo la pensaba a ella disfrutando de sexo y placer erótico con otros hombres, lo que me hacía padecer de esa torturadora impotencia de saber que no podía hacer nada para evitarlo.

Me costó siete años reconquistarla y reiniciar de nuevo nuestro frustrada vida matrimonial , no obstante, las cosas fueron distintas de lo que fue nuestra primera relación, desde el comienzo confié en su total honestidad , nunca tuve sospechas en su comportamiento de mujer casada; pero la constante ausencia de deseo sexual que se evidenciaba en ella para conmigo, sabiendo además, de sobra, lo súper ardiente y sexualmente caliente que era, me hacía sospechar que de repente, sin que ni siquiera pudiese sospecharlo, ella tenía sexo con algún otro hombre en algún otro lado.

Para esto, yo ya empezaba a gozar con las fantasías, que al procurar casi siempre pedirle a mi esposa me relatara algunos detalles de las experiencias sexuales que vivió con los hombres que la poseyeron desnuda y desnudos en excitantes aventuras sexuales que mi mujer vivió con ellos durante nuestra separación; me contaba algunos de esas experiencias con lujo de detalles, me excitaba morbosamente escuchar su delicada y femenina voz narrándome el sexo oral que practicaba con ellos, dándoles y recibiéndoles muchos placeres con su frecuente práctica, su erótica narración me llevaba hasta sentir que surgía dentro de mi, una poderosa, excitante e incontenible eyaculación que lograba los sensaciones morbosas que sentía al imaginar a mi esposa poseída y penetrada con la virilidad que otro hombre le daba turbado de intensas y excitadas pasiones que sólo el sexo prohibido entre hombre y mujer ajenos a su pareja.

Cada vez que le hacíamos el amor, no podía evitar imaginar que era otro el hombre que se la estaba follando en esos instantes en vez de mi, trataba de inducirle a que imaginara a alguien que ella desease, que el hombre instalado en sus pensamientos era quien se la estaba comiendo sexualmente de verdad y en ese mismo instante; trataba de hacerla pensar que era el amante y no yo quien se la estaba penetrando el sexo, ante tales fantasías, ella siempre se venía rapidito por la excitación que le producía los pensamientos sexuales que tenía con ese hombre ; no se en quien o en quienes pensaría como el macho al que se entregaba con toda su pasión a disfrutar de sexo adúltero imaginario con é, sólo dejaba entrever con sus ojos cerrados el enorme placer de imaginar su fantasía como si fuera real.

No se como comencé a disfrutar a plenitud cuando pensaba que mi esposa me era infiel, cuando la imaginaba disfrutando muy excitada el sexo con otros hombres que paseaban sus labios y lenguas por todo el cuerpo desnudo de mi mujer, por sus bellos y excitados senos y con mucha más erótica pasión, por su húmeda y excitada vagina que espera impaciente la erecta y fuerte penetración en las misteriosas y ardientes profundidades sexuales de la vagina de mi mujer.

¡Debo tratar de emendar los morbosos pensamientos que me asaltan eróticas, desbordantes y conversas esas fantasías sexuales que disfruto con la imaginación, mi esposa y otros hombres, espontánea y naturalmente en mi cuerpo y mi alma a través de los deliciosos sentimientos que van surgiendo con la máxima y arrolladora excitación sexual libidinosamente imaginable, que hacen, a pesar de sentirme un poco confundido por no comprender con claridad la naturaleza de esos raros y eróticos deseos del adulterio consentido, que deseo tanto, con morboso erotismo, verla cometer y gozar, la bella y ardiente esposa que tengo y que quisiera compartir los encantos de su cuerpo y su sexo con otros hombres.
Debo tratar de corregir esta “perversión sexual” o soltarme y gozar sin tapujos del frenesí de los intensos y deliciosos placeres que este tipo de experiencias me produce naturalmente la más intensas y gigantescas excitaciones nunca antes sentidas en mi. ¡que me aconsejarían hacer al respecto?...

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